domingo, 26 de junio de 2011

Los Heroes del Olimpo El Heroe Perdido Capitulo 5

VI LEO
EL PASEO DE LEO ESTABA YENDO BIEN HASTA QUE se enteró de lo del dragón. El tipo arquero, Will Solace, parecía bastante guay. Todo lo que le ensañaba a Leo era tan emocionante que debería ser ilegal. ¿Buques de guerra de verdad amarrados en la playa y prácticas de lucha y de lanzar flechas y explosivos? ¡Genial! ¿Talleres de arte donde podías hacer esculturas con motosierras y sopletes? Leo ya estaba como diciendo «¡Apúntame!» ¿El bosque estaba plagado de monstruos peligrosos y nadie podía entrar nunca solo? ¡Chupi! Y el campamento estaba desbordado de chicas con buen aspecto. Leo no entendía mucho eso de que todos estaban emparentados por “el rollo de los dioses”, pero esperaba que eso no quisiera decir que era primo de todas esas chicas, eso apestaría. Por lo menos quería echarles otro vistazo a esas chicas submarinas del lado, merecía la pena ahogarse por ellas.
Will le enseñó las cabañas, el pabellón para comer y la zona de entrenamiento con espada.
—¿Tengo que tener una espada?—preguntó Leo.
Will le clavó la mirada como si encontrase la idea inquietante.
—Lo más seguro es que te hagas la tuya propia, puesto que eres de la Cabaña Nueve.
—Sí. ¿Qué pasa con eso? ¿Lo de Vulcano?
—No solemos llamar a los dioses por sus nombres romanos—dijo Will—: Los nombres originales son los griegos. Tu padre es Hefesto.
—¿Feto?—Leo había oído a alguien decirlo antes pero estaba demasiado consternado en esos momentos para escuchar—. Suena como si fuera el dios de los vaqueros.
He-fes-to—le corrigió Will—, el dios de los herreros y del fuego.
Leo también había oído eso antes, pero estaba intentando no pensar en ello. El dios del fuego... ¿en serio? Teniendo en cuenta lo que le había sucedido a su madre eso parecía una broma macabra.
—Entonces el martillo ese que ardía sobre mi cabeza—dijo Leo—, ¿era una cosa buena o una cosa mala?
Will se tomó un momento antes de responder.
—Has sido reconocido de inmediato. Eso suele ser bueno.
—Pero el tío de los caballos y el arcoiris, el Butch ese... mencionó una maldición.
—Ah... Bueno, no es nada. Desde la muerte del último jefe de la Cabaña Nueve...
—¿Muerte? A lo... ¿dolorosa?
—Debería dejar que tus compañeros de litera sean quienes te lo cuenten.
—Eso, ¿dónde están mis “literos”? ¿No debería ser su jefe el que me diera el paseo de persona importante?
—Él, em, no puede. Ya verás por qué—Will siguió adelante antes de que Leo pudiese formular alguna pregunta más.
«Maldiciones y muerte—se dijo Leo a sí mismo—, esto no hace más que mejorar y mejorar»

Estaban cruzando la mitad del campo cuando vio a su antigua niñera. Y ella no era el tipo de persona que hubiera esperado encontrar en un campamento de semidioses.
Leo retrocedió.
—¿Qué pasa?—preguntó Will.
Tía Callida. Así la llamaba él para sí mismo, con la palabra “Tía” en español. No la había visto desde que tenía cinco años, y ella estaba ahí, a la sombra de una gran cabaña blanca al fondo del campo, mirándolo. Llevaba un traje de lino negro con un manto del mismo color sobre el pelo, todo de viuda. Su cara no había cambiado: Piel con tacto de cuero y ojos oscuros taladrantes. Sus marchitas manos parecían garras. Parecía una anciana, pero no había cambiado de como Leo la recordaba.
—Esa anciana...—dijo Leo— ¿Qué está haciendo aquí?
Will trató de mirar dónde Leo miraba.
—¿Qué anciana?
—Tío, la anciana. La que va de negro. ¿Cuántas ancianas más ves por aquí?
Will frunció el ceño.
—Creo que has pasado un día muy largo, Leo. Los trucos de la Niebla podrían seguir afectándote a la mente. ¿Qué tal si nos dirigimos ya a tu cabaña?
Leo quiso protestar, pero cuando volvió a mirar la gran cabaña blanca, Tía Callida se había ido. Estaba seguro de que había estado ahí, casi pensó que su madre había mandado a Callida de vuelta desde el pasado.
Y eso no era bueno, porque Tía Callida trató de matarlo.
—Solo estaba bromeando contigo, hombre—Leo sacó algunos engranajes y palancas de los bolsillos y empezó a trastearlos para calmar sus nervios. No podía hacer que todos en el campamento creyesen que estaba loco, al menos, que no pensaran que estaba más loco de lo que en realidad estaba.
—Vamos a ver la Cabaña Nueve—dijo—, estoy de humor para una buena maldición.

Desde fuera, la Cabaña de Hefesto parecía una caravana de gran tamaño con paredes de metal brillante y ventanas con rejillas de metal. La entrada era como la de una caja fuerte de un banco, circular y de varios metros de grosor. Se abrió con un montón de engranajes de bronce girando y pistones hidráulicos echando humo. Leo silbó.
—Consiguieron una ambientación súper dura, ¿eh?
En el interior, la cabaña parecía desierta. Había literas de acero puestas contra la pared, dobladas por la mitad que parecían camas de alta tecnología. Cada una tenía un panel de control digital, con leds, gemas brillantes y engranajes intercalados. Leo se figuró que cada campista tenía su propia combinación para abrir su cama, y quizá hubiese una estantería o un espacio detrás de cada una para meter cosas, tal vez el sistema tenía trampas para mantener lejos a los visitantes no deseados. Al menos, así lo habría diseñado Leo.
Una barra de fuego cayó desde el segundo piso, a pesar de que la cabaña no parecía tener un segundo piso desde fuera. Una escalera circular empezó a diseñarse hacía abajo, hasta algún tipo de sótano. Las paredes estaban cubiertas de todos los tipos de herramientas eléctricas que Leo pudiese imaginarse, además de una gran variedad de cuchillos, espadas y otros utensilios de destrucción. Un gran banco de trabajo desbordado de chatarra metálica (tornillos, pestillos, arandelas, clavos, remaches y un millón de más partes de máquinas. Leo sintió una fuerte necesitad de meterlos todos en sus bolsillos. Adoraba ese tipo de cosas. Pero necesitaría una centena de abrigos para guardarlos todos.
Mirando al rededor casi se podía imaginar que estaba en la tienda de maquinas de su madre. Descartando las armas, quizás, pero con las herramientas, las pilas de chatarra y el olor a grasa y metal de motor calentado sí. A ella le encantaría ese sitio. Se quitó ese pensamiento de encima, no le gustaban los recuerdos dolorosos. «Sigue adelante», ese era su lema. No detenerse en las cosas, no seguir en el mismo lugar demasiado tiempo: Era la única manera de enfrentarse a la tristeza.
Agarró una gran herramienta de la pared.
—¿Un Cigarrillo Whacker? ¿Qué dios del fuego necesita un Cigarrillo Whacker?
—Deberías estar sorprendido—dijo una voz desde las sombras.
Al final de la habitación, una de las literas estaba ocupada. Una cortina de un material oscuro de camuflaje se descorrió, y Leo pudo ver al que hasta hace un segundo era invisible. Era difícil contar mucho sobre él porque tenía todo el cuerpo recubierto de algo que parecía un molde. Su cabeza estaba en vuelta en grasa, a excepción de su cara, que estaba hinchada y magullada. Parecía Bobby Fresco después de un puñetazo en la barriga.
—Soy Jake Manson—dijo el chico—. Te estrecharía la mano, pero...
—Ya—dijo Leo—, no te levantes.
El chico soltó una sonrisa agrietada, luego hizo una mueca como si le doliera mover la cara. Leo se preguntó que le había pasado, pero tenía miedo de preguntar.
—Bienvenido a la Cabaña Nueve—dijo Jake—. Hace casi un año que no tenemos chicos nuevos. Yo soy el jefe de la cabaña por ahora.
—¿”Por ahora”?—preguntó Leo.
Will se aclaró la garganta.
—Y, ¿dónde está todo el mundo, Jake?
—Abajo, en las fraguas—dijo Jake con nostalgia—. Están trabajando en... ya sabes, ese problema.
—Oh—Will cambió de tema—. Bueno, ¿tenéis una cama más para Leo?
Jake estudió a Leo, de arriba a abajo.
—¿Crees en las maldiciones, Leo? ¿O en los fantasmas?
«Acabo de ver a mi malvada niñera Tía Callida—pensó Leo—. Tendría que estar muerta después de todos estos años. Y no puede pasar un día sin que recuerde a mi madre en esa tienda de máquinas en llamas. No me hables de fantasmas, niño de masa». Pero en voz alta dijo:
—¿Fantasmas? Pfft... Noh. Yo soy guay. Un espíritu de la tormenta me tiró por el Gran Cañón esta mañana, pero ya sabes, un día de trabajo normal, ¿no?
Jake asintió.
—Eso está bien, porque te voy a dar la mejor cama de la cabaña...: la de Beckendorf.
—Guau, Jake—dijo Will—, ¿estás seguro?
Jake gritó:
—Litera 1-A, por favor.
La cabaña entera retumbó. Una sección circular en el suelo se abrió girando como el foco de una cámara, y una cama de tamaño entero emergió hacía arriba. El marco de bronce tenía una video consola en un tablero puesto al final, un sistema de música estéreo en la cabecera, un frigorífico con una puerta de cristal acoplado a la base, y todo un montón de paneles de control en la parte baja de un lado.
En cuanto la vio, Leo saltó sobre ella con la cabeza apoyada en las manos por detrás.
—Puedo manejar esto.
—Hay una opción que te lleva a una habitación privada de abajo.
—Oh, diablos, ¡sí!—dijo Leo—. Ya os veré, estaré abajo en la Leo-Cueva. ¿Qué botó tengo que pulsar?
—Vamos—protestó Will Solace—, ¿vosotros teneis habitaciones privadas subterraneas?
Jake probablemente habría sonreído si no le doliera tanto.
—Tenemos muchos secretos, Will. Los chicos de Apolo no podéis llevaros toda la diversión. Nuestros campistas han estado excavando un sistema de túneles bajo la Cabaña Nueve desde hace casi un siglo. Seguimos sin haber acabado. De todas formas, Leo, si no te importa morir en la cama de un hombre muerto, es tuya.
De pronto Leo no se sintió con ganas de bajar. Se incorporó, con cuidado de no tocar ningún botón.
—El jefe que murió... ¿Esta era su cama?
—Sí—dijo Jake—. Charles Beckendorf.
Leo se imaginó que salían sables, atravesando el colchón, o que tal vez había una granada entre las almohadas.
—¿Él no...?, es decir, ¿no murió en su cama, verdad?
—No—dijo Jake—, fue en la Guerra del Titán, el verano pasado.
—La Guerra del Titán—repitió Leo—, ¿que no tiene nada que ver con esta cama tan buena, no?
—Los Titanes—dijo Will como si Leo fuera idiota—, los tipos más poderosos que gobernaban el mundo antes de los dioses. Intentaron volver el pasado verano. Su líder, Cronos, construyó un nuevo palacio en la cima del monte Tamalpais en California. Sus ejércitos vinieron a Nueva York y casi destruyen el Monte Olimpo. Muchos semidioses murieron tratando de detenerlos.
—Supongo que no salió en las noticias, ¿eh?—dijo Leo.
Parecía una pregunta justa pero Will sacudió la cabeza con incredulidad.
—¿No has oído nada de la erupción del Monte Santa Helena? ¿o de las tormentas a través del país? ¿o ese edificio que se desplomó en San Louis?
Leo se encogió de hombros, el verano pasado había estado escapándose de otra casa de acogida. Después, un oficial de absentismo lo atrapó en Nuevo Mexico, y el tribunal lo sentenció al correccional más cercano: La Escuela de la Salvajería.
—Supongo que estaba ocupado.
—No importa—dijo Jake—, tuviste suerte de perdértelo. El caso es, que Beckendorf fue una de las primeras víctimas, y desde entonces...
—... Vuestra cabaña ha estado maldita—supuso Leo.
Jake no respondió. Después, el chico volvió a ocultarse otra vez. Esa era una respuesta. Leo empezó a darse cuenta de cosillas que no había visto antes: unas marcas de una explosión en la pared, una mancha en el suelo que debería ser aceite... o sangre, espadas rotas o máquinas destrozadas, tal vez de frustración, apiladas en las esquinas de la pared. El lugar daba la sensación de no dar suerte.
Jake suspiró sin ganas.
—Bueno, debería dormir un poco. Espero que te guste estar aquí, Leo. Estar solía ser... realmente bueno.
Cerró los ojos y la cortina de camuflaje se cerró sola.
—Vamos, Leo—dijo Will—, te llevaré a las fraguas.

Mientras se iban, Leo volvió la vista a su nueva cama, casi podía imaginarse al jefe muerto sentado ahí... otro fantasma que no se iba a ir, y que no iba a dejar a Leo en paz.

6 comentarios:

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  2. Hola! me encanta tu blog...me gusta mucho la serie de Percy Jackson, y he buscado este libro en español por cielo mar y tierra, gracias por traducir...

    Te sigo, saludos...

    Annie.

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  3. hola me gusto tú blog es bueno que subas los capitulos traducidos, se que hay un monton buscando la traduccion y a mi me costo mucho encontrarlo. sigue asi.
    Val.

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  4. POR FAVOR SEGUI TRADUCIENDO ESTOS CAPITULOS¡¡¡¡
    SON INCREIBLES¡¡¡¡¡¡
    NO SABES COMO ME MATE BUSCANDOLOS¡¡¡¡

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  5. Hola, soy nueva fan tuya.

    Muy buen trabajo :D

    Espero que puedas completar los capitulos sin ningun inconveniente.

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  6. SOY TU FANNNNN
    LEI TODOS LOS CAPITULOS DE PERCY
    Y QUERIA EMPEZAR ESTA SERIE

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