domingo, 13 de octubre de 2013

La Casa de Hades- XIII Percy

XIII
PERCY

Percy había llevado a su novia a algunos paseos románticos antes. Este no era uno de ellos.
Siguieron al río Flegetonte, tropezando sobre el terreno negro vidrioso, saltando grietas y escondiéndose detrás de las rocas cuando las chicas vampiro frenaban frente a ellos.
Era difícil mantenerse lo suficientemente lejos para evitar ser vistos, pero lo suficientemente cerca para mantener a Kelli y sus compañeras a la vista a través del aire brumoso y oscuro. El calor del río cocía la piel de Percy. Cada respiración era como inhalar fibra de vidrio con olor a azufre. Cuando necesitaban un trago, lo mejor que podían hacer era tomar un poco de fuego líquido refrescante.
Sip . Percy definitivamente sabía cómo pasar un buen tiempo con una chica.
Al menos el tobillo de Annabeth parecía haber sanado. Apenas cojeaba en absoluto. Sus diversos cortes y raspaduras se habían desvanecido. Ella había atado su pelo rubio hacia atrás con una cinta de drill rasgada de sus vaqueros, y a la luz de fuego del río sus ojos grises brillaban. A pesar de estar apaleada, repleta de hollín y vestida como una persona sin hogar, ella se veía estupenda para Percy.
¿Y qué si estaban en el Tártaro? ¿Y qué si solo había una pequeña posibilidad de sobrevivir? Estaba tan contento de que estaban juntos que tenía el ridículo impulso de sonreír.
Físicamente, Percy se sentía mejor, aunque su ropa parecía que hubiera pasado en medio de un huracán de vidrios rotos. Tenía sed, hambre y miedo a enloquecer (aunque él no iba a decirle a Annabeth eso), pero se había quitado el desesperanzador frío del río Cocito
El tiempo era imposible de juzgar. Caminaron a lo largo, siguiendo el río, internándose en ásperos paisajes. Afortunadamente, las empusas no eran exactamente caminantes veloces. Se confundían con sus piernas de burro y de bronce, silbaban y luchaban entre sí, como si no tuvieran ninguna prisa por llegar a las puertas de la muerte.
Una vez, los demonios se aceleraron entusiasmados y rodearon algo que parecía un cadáver varado en la orilla del río. Percy no podía decir lo que era - ¿un monstruo caído? ¿Un animal de algún tipo? La empusa atacó con gusto.
Cuando los demonios se trasladaron, Percy y Annabeth llegaron al lugar y no encontraron nada, excepto unos pocos huesos astillados y manchas brillantes secadas por el calor del río. Percy no tenía ninguna duda de que la empusa devoraría semidioses con el mismo entusiasmo.
"Vamos". Dirigió a Annabeth suavemente lejos de la escena. "No queremos perderlos."
Mientras caminaban, Percy pensó en la primera vez que había luchado con la empusa Kelli en la orientación de estudiantes de primer año de la Secundaria Goode, cuando él y Rachel Elizabeth Dare quedaron atrapados en el salón de la banda. En ese momento, le había parecido una situación desesperada. Ahora, él daría cualquier cosa por tener un problema tan simple.
Por lo menos, había estado en el mundo de los mortales entonces. En este caso, no había ningún lugar para correr.
Wow. Cuando miraba hacia atrás en la guerra con Cronos como en los viejos tiempos - eso era triste. Seguía esperando que las cosas iban a mejorar para Annabeth y él, pero su vida se volvía más y más peligrosa, como si las tres Parcas estuvieran allí hilando su futuro con alambre de púas en lugar de hilo sólo para ver que tanto podían tolerar dos semidioses.
Después de unos cuantos kilómetros, las empusas desaparecieron sobre una cresta. Cuando Percy y Annabeth las alcanzaron, se encontraron al borde de otro enorme acantilado. El río Flegetonte se derramaba sobre un lado en capas irregulares de las cascadas de fuego. Las damas demonio estaban haciendo su camino por el acantilado, saltando de saliente en saliente como cabras montesas.
El corazón de Percy se arrastró en su garganta. Incluso si él y Annabeth llegaban al pie de la roca vivos, no tenían muchas esperanzas. El paisaje por debajo de ellos era una llanura gris ceniza sombría erizado con árboles negros, como insectos peludos. El suelo estaba salpicado de ampollas. De vez en cuando, una burbuja podría hincharse y reventar, vomitando un monstruo como una larva de un huevo.
De repente Percy no tenía hambre.
Todos los monstruos recién formados se arrastraban y cojeaban en la misma dirección - hacia un banco de niebla negro que engullía el horizonte como un frente de tormenta. El Flegetonte fluía en la misma dirección hasta que a mitad de camino por la llanura, donde se encontraba con otro río de agua negra - tal vez el Cocito? Las dos crecidas se combinaban humeando,  haciendo hervir las cataratas y fluyendo hacia la niebla negra.
Cuanto más observaba Percy hacia la oscuridad de las tinieblas, menos quería ir allí. Podría estar ocultando algo - un océano, un pozo sin fondo, un ejército de monstruos. Pero si las puertas de la muerte se encontraban en esa dirección era su única oportunidad de llegar a casa.
Se asomó por el borde del acantilado.
"Ojalá pudiéramos volar-murmuró.”
Annabeth se frotó los brazos. “Recuerdas los zapatos alados de Luke? Me pregunto si todavía están por aquí en alguna parte. "
Percy recordó. Esos zapatos se habían maldecido para arrastrar a su portador hacia el Tártaro. Casi se habían llevado a su mejor amigo, Grover. "Me conformaría con un parapente.”
“Tal vez no sea una buena idea. "Annabeth señaló. Por encima de ellos, las formas aladas oscuras en espiral entraban y salían de las nubes de color rojo sangre.
“¿Furias?” Preguntó Percy.
“O alguna otra clase de demonio, “dijo Annabeth. " en el Tártaro hay miles.”
"Incluyendo el tipo que come parapentes,” supuso Percy. "Bueno, entonces escalaremos”

No podía ver a las empusas debajo de ellos. Habían desaparecido detrás de una de las cordilleras, pero eso no importaba. Estaba claro hacia donde debían dirigirse el y Annabeth. Como todos los monstruos gusano arrastrándose sobre las llanuras del Tártaro, debían dirigirse hacia el oscuro horizonte. Percy estaba lleno de entusiasmo por ello.

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