miércoles, 16 de octubre de 2013

La Casa de Hades- XIX Frank

XIX
FRANK

Apenas habían podido entrar.
Tan pronto como su anfitrión tiró los pernos, los monstruos vaca bramaron y se estrellaron contra la puerta, haciendo temblar sus bisagras.
–Oh, no pueden entrar- prometió el hombre de mezclilla. – ¡Ahora están a salvo!
– ¿A salvo? – Frank exigió. – ¡Hazel se está muriendo!
Su anfitrión frunció el ceño como si no comprendiera que Frank arruinara su buen humor.
–Sí, sí. Tráiganla por aquí.
Frank cargó a Hazel mientras seguían al hombre más dentro del edificio. Nico se ofreció a ayudar, pero Frank no lo necesitaba. Hazel no pesaba nada, y el cuerpo de Frank zumbaba con adrenalina. Podía sentir los escalofríos de Hazel, así que al menos sabía que estaba viva, pero su piel estaba fría. Sus labios habían adquirido un color verdoso. ¿O era solo su visión borrosa?
Sus ojos aún ardían por el aliento del monstruo. Sus pulmones se sentían como si hubiera inhalado una col en llamas. No sabía por qué el gas le había afectado menos de lo que había afectado a Hazel. Tal vez ella había conseguido inhalar más en sus pulmones. Habría dado cualquier cosa por cambiar de lugar si eso significaba salvarla.

Las voces de Marte y Ares gritaban en su cabeza, incitándole a matar a Nico y al hombre en jeans y a cualquier otra persona que encontrara, pero Frank forzó al ruido a bajar de volumen.
La habitación principal de la casa era una especie de invernadero. Las paredes estaban cubiertas con tablas con bandejas de plantas debajo de luces fluorescentes. El aire olía a solución de fertilizante. Quizás los venecianos hacían sus jardines en el interior, ¿Debido a que estaban rodeados de agua en lugar de tierra? Frank no estaba seguro, pero no pasó mucho tiempo preocupándose por eso.
El cuarto de atrás parecía una combinación de un garaje con dormitorio de universidad y laboratorio de computación. Contra la pared izquierda brillaban servidores y portátiles, los protectores de pantalla parpadeaban con imágenes de campos arados y tractores. Contra la pared de la derecha había una cama individual, un escritorio desordenado y un armario abierto lleno de ropa vaquera adicional y una pila de instrumentos de granja, como horcas, rastrillos y regaderas.
La pared del fondo era una enorme puerta de garaje. Estacionado junto a ella estaba un carro rojo y dorado. Con una abertura y solo un eje, como los carros en los que Frank había corrido en carreras en el campamento Júpiter.
Brotando de los lados de la caja del conductor, había alas gigantes con plumas. Envuelta alrededor de la llanta de la rueda izquierda había una pitón con manchas roncando ruidosamente. Frank no sabía que las pitones podían roncar. Esperaba que él no hubiera hecho eso mismo en forma pitón ayer por la noche.
–Pon tu amiga aquí – dijo el hombre en overol de dril.
Frank puso a Hazel suavemente en la cama. Le sacó su espada y trató de hacer que se sintiera cómoda, pero ella estaba tan floja como un espantapájaros. Su tez sin duda tenía un tinte verdoso.
–¿Qué eran esas cosas vaca? – Frank exigió. – ¿Qué hicieron con ella?
–Katoblepones –dijo su anfitrión. –Singular: katobleps. En español significa el que mira abajo. Llamado así porque…
–Están siempre mirando hacia abajo. –Nico se golpeó la frente. -De acuerdo. Recuerdo haber leído acerca de ellos.
Frank lo miró.
–¿Ahora te acuerdas?
Nico bajó la cabeza casi tan bajo como los katobleps.
–Yo... solía jugar a este juego de cartas estúpidas cuando era pequeño. Mitomagia. Los katobleps eran una de las cartas monstruo.
Frank parpadeó
–Jugué Mitomagia. Nunca vi a esa tarjeta.
–Fue en el maso de expansión Africanus Extreme
–Oh
Su anfitrión se aclaró la garganta
–ustedes dos ya terminaron de hacer, ah, sus cosas ¿geek?, ¿cómo se dice?
–De acuerdo, lo siento–murmuró Nico. – De todos modos, los Katoblepones tienen aliento y mirada venenosos. Yo pensaba que sólo vivían en África.
El hombre se encogió de hombros.
–Esa es su tierra natal. Fueron importados accidentalmente a Venecia hace cientos de años. ¿Han oído hablar de San Marcos?
Frank quería gritar de frustración. No veía cómo todo esto era relevante, pero, si su anfitrión podría curar Hazel, Frank decidió que tal vez sería mejor no hacerlo enojar.
–¿Santos? No son parte de la mitología griega.
El hombre se rio.
–No, pero San Marcos es el santo patrón de esta ciudad. Murió en Egipto, hace mucho tiempo. Cuando los venecianos se hicieron poderosos... bueno, las reliquias de los santos fueron una gran atracción turística en la edad media. Los venecianos decidieron robar los restos de San Marcos y llevarlos a su gran iglesia de San Marcos. Ellos contrabandearon su cuerpo en un barril de cerdo en escabeche en partes.
–Eso es... asqueroso –dijo Frank.
–Sí – asintió el hombre con una sonrisa. –El punto es que no puedes hacer algo como eso y no tener consecuencias. Los venecianos no tenían la intención de contrabandear algo más de Egipto, los Katoblepones. Ellos vinieron aquí a bordo de ese barco y se han estado criando como ratas desde entonces. Aman las raíces venenosas mágicas que crecen aquí, las plantas pantanosas y malolientes que se arrastran para arriba de los canales. ¡Hacen que su respiración sea aún más venenosa! Por lo general, los monstruos ignoran a los mortales, pero a los semidioses... especialmente aquellos semidioses que se interponen en su camino…
–Ya entendí – espetó Frank - ¿puedes curarla?
El hombre se encogió de hombros
–Es posible
– ¿Es posible? –Frank tuvo que usar toda su fuerza de voluntad para no estrangular al chico.
Él puso su mano debajo de la nariz de Hazel. No podía sentir su aliento.
–Nico, por favor dime qué está haciendo esa cosa del trance de la muerte, como tú lo hiciste en la jarra de bronce
Nico hizo una mueca
–No sé si Hazel puede hacer eso. Su padre es técnicamente Plutón, no Hades, así que…
–¡Hades! – gritó el anfitrión. Él retrocedió, mirando a Nico con disgusto.
–Así que eso es lo que olía, ¿hijos del inframundo? ¡Si hubiera sabido quien eras, yo nunca te habría dejado entrar!
–Hazel es una buena persona – Frank se levantó – ¡prometiste que la ayudarías!
–Yo no lo prometí
Nico sacó su espada
–Ella es mi hermana – gruñó – no sé quién eres, pero si puedes curarla o algo así ayúdame por el Estigio…
–Oh, bla, bla, bla!
El hombre hizo un gesto con la mano. De repente, donde Nico di Angelo había estado de pie estaba una planta sembrada en una maceta de unos cinco pies de altura con hojas verdes caídas, mechones de seda y media docena de maduras orejas amarillas de maíz.
–Así – el hombre resopló, pasando sus manos por la planta de maíz. – ¡los hijos de Hades no pueden ordenarme hacer cosas! deberías hablar menos y escuchar más. Al menos ahora tienes orejas.
Frank tropezó de la cama
–¿Qué hizo?… ¿por qué?…
El hombre levantó una ceja. Frank hizo un ruido chirriante que no era muy valiente. Había estado tan centrado en Hazel que se había olvidado de lo que Leo les había dicho acerca del hombre que estaban buscando.
–Eres un dios - recordó.
–Triptólemo. –El hombre hizo una reverencia. – Mis amigos me llaman Trip, así que no me llames así. Y si eres otro hijo de Hades…
–¡Marte! – Dijo Frank rápidamente–¡Hijo de Marte!
Triptólemo olfateó.
–Bueno... no es mucho mejor. Pero quizás te mereces ser algo mejor que una planta de maíz. ¿Sorgo? El sorgo es muy agradable.
– ¡Espera! –Frank declaró. – Estamos aquí en una misión amistosa. Hemos traído un regalo.
Muy lentamente, metió la mano en su mochila y sacó el libro encuadernado en cuero.
– ¿Esto es tuyo?
– ¡Mi almanaque! –Triptólemo sonrió y cogió el libro. Él hojeó las páginas y comenzó a saltar sobre las puntas de sus pies.
– ¡Oh, esto es fabuloso! ¿Dónde lo encontraste
–Uh, en Bolonia. Estaban estos…–Frank recordó que no debía hablar de enanos - terribles monstruos. Arriesgamos nuestras vidas, pero supe que era importante para ti. Así que podrías tal vez, ya sabes, ¿hacer que Nico vuelva a la normalidad y curar Hazel?
– ¿Hmm?
Trip levantó la vista del libro. Él había estado felizmente recitando para sí mismo, algo acerca de los horarios de plantación de nabos. Frank quería que Ella la arpía estuviera aquí. Ella se llevaría muy bien con este tipo.
–Oh, ¿curarlos? –Triptólemo chasqueó desaprobación. – Estoy agradecido por el libro, por supuesto. Puedo definitivamente dejar que te vayas libre, hijo de Marte. Pero tengo un viejo asunto con Hades. Después de todo, le debo mis poderes divinos a Deméter.
Frank se devanaba los sesos, pero era difícil con las voces gritando en la cabeza y el veneno de los katobleps lo hacía estar mareado.
–Uh, Deméter–dijo –la diosa del jardín. A ella… a ella no le gustaba Hades porque...
De repente recordó una vieja historia que había oído en el Campamento Júpiter.
–Su hija Proserpina
–Perséfone–corrigió Trip. - Prefiero el griego, si no te importa.
¡Mátalo! Marte gritó.
¡Me encanta este tipo! – Gritó Ares – ¡mátalo de todas formas!
Frank decidió no ofenderlo. Él no quería que lo convirtiera en una planta de sorgo.
–Ok. Hades secuestró a Perséfone.
– ¡Exactamente! –Dijo Trip.
–Así que... ¿Perséfone era una amiga tuya?
–Yo era sólo un príncipe mortal en aquel entonces. Perséfone no me había notado. Pero cuando su madre, Deméter, fue en busca de ella, recorriendo toda la tierra, no mucha gente le ayudó. Hécate iluminó su camino por la noche con sus antorchas. Y... bueno, cuando Deméter llegó a mí en Grecia, le di un lugar para quedarse. La consolé, le di de comer, y le ofrecí mi ayuda. No lo hice sabiendo que ella era una diosa en ese momento, pero mi buena acción dio sus frutos. Más tarde, Deméter me recompensó ¡me hizo dios el de la agricultura!
–Wow – dijo Frank – dios de la agricultura. Enhorabuena.
– ¡Lo sé! Asombroso ¿verdad? De cualquier forma, Deméter nunca se llevó bien con Hades. Así que, naturalmente, tengo que ponerme del lado de mi patrona. Hijos de Hades, ¡olvídalo! De hecho, uno de ellos… ¿Ese rey de Escita llamado Lynkos? Cuando traté de enseñarle a sus compatriotas a hacer agricultura, ¡el mató a mi pitón derecha!
–Tu pitón… ¿derecha?
Trip marchó hacia su carro alado y saltó en él. Él tiró de una palanca, y las alas comenzaron a aletear. La pitón con manchas de la rueda izquierda abrió los ojos. Empezó a retorcerse, enrollándose alrededor del eje como un resorte. El carro zumbó en marcha, pero la rueda derecha se quedó en su lugar, por lo que Triptólemo giró en círculos, el carro batía sus alas y saltaba hacia arriba y abajo.
– ¿Lo ves? – dijo mientras giraba – ¡nada bueno!, desde que perdí mi pitón derecho, no he sido capaz de difundir la palabra acerca de la agricultura, al menos no en persona. Ahora tengo que recurrir a la impartición de cursos en línea.
– ¿Qué? –Tan pronto como lo dijo, Frank lamentó haber preguntado.
Trip saltó del carro, mientras que todavía daba vueltas. La pitón desaceleró y volvió a roncar. Trip corrió a la línea de computadoras. Tocó los teclados y las pantallas se despertaron, mostraron una página web en granate y oro, con una imagen de un granjero feliz en una toga y sombrero de granjero, de pie con una guadaña de bronce en un campo de trigo
– ¡Universidad Agricultora de Triptólemo! –anunció con orgullo. –En sólo seis semanas, puedes conseguir tu licenciatura en esta emocionante y vibrante carrera del futuro: la agricultura
Frank sintió una gota de sudor por su mejilla. Él no se preocupaba por este loco dios o su serpiente ni su carro o de su programa de grado en línea. Pero Hazel se estaba volviendo más verde con el tiempo. Nico era una planta de maíz. Y él estaba solo.
–Mira –dijo. –Nosotros teníamos que entregarte el almanaque. Y mis amigos son muy agradables. No son como esos otros hijos de Hades que has conocido. Así que si hay alguna manera…
– ¡Oh! – Trip chasqueó los dedos. – ¡Ya veo a dónde vas!
–Uh... ¿lo haces?
– ¡Por supuesto! Si curo a tu amiga Hazel y vuelvo al otro, Nicolás…
–Nico
–Si lo regreso a la normalidad...
Frank vaciló.
– ¿Sí?
–Entonces, a cambio, ¡te quedas conmigo y te dedicarás a la agricultura! ¿Un niño de Marte como mi aprendiz? ¡Es perfecto! ¡Vas a ser un excelente portavoz! ¡Podemos convertir espadas con rejas de arado y vamos a divertirnos mucho!
–En realidad… - Frank intentó frenéticamente encontrar un plan. Ares y Marte estaban gritando en su cabeza
¡Espadas! ¡Armas! ¡Explosiones masivas!
Si el rechazaba la oferta de Trip, Frank se imaginó que terminaría como sorgo o alguna otra clase de planta. Si esa era la única manera de salvar a Hazel, entonces, seguramente, el aceptaría las demandas de Trip y se haría agricultor. Pero esa no podía ser la única forma. Frank se reusaba a creer que había sido elegido por la Parcas para ir en una misión solo para que él pudiera tomar unos cursos en línea sobre cultivar.
Los ojos de Frank se detuvieron sobre el carro roto.
–Tengo una mejor oferta–él dijo – puedo arreglar eso.
La sonrisa de Trip se fundió
– ¿Arreglar… mi carro?
Frank quiso patearse a sí mismo. ¿En qué estaba pensando? Él no era Leo. Él no podía ni siquiera imaginarse cómo resolver una estúpida trampa china. A penas podía cambiar las baterías del control remoto. ¡Él no podía arreglar un carro mágico!
Pero algo le dijo que esa era su única oportunidad. Ese carro era la única cosa que Trip podía querer.
–Voy a encontrar una manera de arreglar el carro – dijo él – y tú arreglas a Nico y a Hazel. Nos vamos en paz. Y… y danos lo que puedas para derrotar a las fuerzas de Gea.
Triptolemo se rio.
– ¿Qué te hace pensar que puedo ayudarte con eso?
–Hécate nos lo dijo – dijo Frank – Ella nos envió aquí. Ella… decidió que Hazel es una de sus favoritas.
El color desapareció de la cara de Trip.
– ¿Hécate?
Frank esperó no estar exagerando las cosas. No necesitaba que Hécate también se enojara con él. Pero si Triptolemo y Hécate eran ambos amigos de Deméter, tal vez eso convenciera a Trip de ayudar.
–La diosa nos guio hasta tu almanaque en Bolonia – dijo Frank – ella quería que te lo regresáramos porque… bueno, ella debió saber que tú tenías algo de sabiduría que nos ayudara a llegar a la casa de Hades en Epiro.
Trip asintió lentamente.
–Sí, ya veo. Sé por qué Hécate los envió hacia mí. Muy bien, hijo de Marte. Ve y encuentra una manera de arreglar mi carro. Si lo logras, haré lo que me pides. Si no…
–Lo sé – gruñó Frank – Mis amigos mueren
–Si – dijo Trip emocionado – ¡Y tú serás una muy linda planta de sorgo!

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