lunes, 21 de octubre de 2013

La Casa de Hades- XXIII Annabeth

XXIII
ANNABETH

ANNABETH LITERALMENTE SE TROPEZO con el segundo Titán.
Después de entrar en el frente de tormenta, que laboriosamente caminaron durante lo que parecieron horas, dependiendo de la luz de la hoja de bronce celestial de Percy, y Bob, que brillaba débilmente en la oscuridad como una especie de ángel loco conserje
Annabeth sólo podía ver a unos cinco metros delante de ella. De una manera extraña, las Tierras Oscuras le recordaban San Francisco, donde su padre vivió, en esas tardes de verano, cuando el banco de niebla arrollaba como material de embalaje frío, húmedo y tragaba Pacific Heights. Solo que aquí en el Tártaro, la niebla estaba hecha de tinta.
Rocas surgían de la nada, hoyos aparecieron en sus pies, y Annabeth apenas evitó caer, rugidos monstruosos resonaban en la oscuridad, pero Annabeth no podía decir de dónde venían. Todo lo que pudo estar segura era de que el terreno estaba todavía inclinado hacia abajo.
Abajo parecía ser la única dirección permitida en el Tártaro. Si Annabeth retrocedía un paso, se sentía cansada y pesada, como si la gravedad aumentara para disuadirla. Suponiendo que todo el cielo era el cuerpo del Tártaro, Annabeth tenía la desagradable sensación de que estaban marchando hacia abajo su garganta.
Estaba tan preocupada pensando que no se dio cuenta de la cornisa hasta que fue demasiado tarde.
Percy gritó, — ¡Guau! — Él agarró su brazo, pero ella ya estaba cayendo.
Por suerte, fue sólo una depresión poco profunda. La mayor parte cayo en una ampolla de monstruo, tuvo un aterrizaje suave sobre una superficie hinchable caliente y se sintió afortunada hasta que ella abrió los ojos y se encontró mirando fijamente a través de una membrana de oro que brillaba intensamente en otra, una cara mucho más grande.
Ella gritó y se sacudió, cayendo al lado del montículo. El corazón le dio cien brincos.
Percy la ayudó a ponerse en pie. — ¿Estás bien?
No confiaba en sí misma para responder. Si abría la boca, podría gritar de nuevo, y la haría avergonzarse, era una hija de Atenea, no una víctima femenina de una película de terror.
Pero por los dioses del Olimpo... cayó en la burbuja de una membrana, frente a ella había un titán plenamente formado en dorada armadura, su piel del color de monedas pulidas. Sus ojos estaban cerrados, pero él frunció el ceño tan profundamente que parecía estar al borde de un grito de guerra espeluznante. Incluso a través de la ampolla, Annabeth pudo sentir el calor que irradiaba de su cuerpo.
— Hyperion —Dijo Percy. —Odio a ese tipo.
El hombro de Annabeth de repente le dolía de una vieja herida. Durante la Batalla de Manhattan, Percy lucho contra este Titán en la reserva, agua contra incendios. Había sido la primera vez que Percy había convocado huracanes que era algo que Annabeth jamás olvidaría —Pensé que Grover había convertido a este tipo en un árbol de arce.
—Sí—asintió Percy. —Tal vez el árbol de arce murió, ¿y él terminó aquí?
Annabeth recordó cómo Hyperion había convocado explosiones de fuego y el número de sátiros y ninfas que habían destruido antes de que Percy y Grover se lo impidieran, estaba a punto de sugerir que estallara la burbuja de Hyperion antes de que despertara. Parecía dispuesto a salir en cualquier momento y comenzar Asados al Carbón por todo su paso.
Luego miró a Bob. El titán plateado estaba estudiando Hyperion con el ceño fruncido de concentración –tal vez reconociéndolo. Sus rostros se parecían tanto... Annabeth se tragó una maldición. Por supuesto que se parecían. Hyperion era su hermano. Hyperion fue el Titán señor del este. Japeto, Bob, era el señor del oeste. Quita de Bob la escoba y su ropa de conserje, si le pusieran una armadura y le cortaran el pelo, cambiar el esquema de color de la plata al oro, y Japeto habría sido casi indistinguible Hyperion.
—Bob—dijo—Tenemos que irnos.
—De oro, no plata—murmuró Bob. —Pero se parece a mí.
—Bob—dijo Percy. —Hey, amigo, por aquí.
El Titán volvió a regañadientes.
— ¿Soy tu amigo? — Preguntó Percy.
—Sí. — Bob sonaba peligrosamente incierto. —Somos amigos.
—Tú sabes que algunos monstruos son buenos— dijo Percy. —Y otros son malos.
—Hmm—dijo Bob. —algunos...las damas fantasma bonitas que sirven a Perséfone son buenas, zombies explosivos son malos.
—De acuerdo—dijo Percy. —Y algunos mortales son buenos y algunos son malos. Bueno, lo mismo es cierto para Titanes.
—Titanes... —Bob se cernía sobre ellos. Annabeth estaba bastante segura de que su novio acababa de cometer un gran error
—Eso es lo que eres—dijo Percy con calma. —Bob el Titán, eres bueno, eres impresionante, de hecho sin embargo, algunos Titanes no lo son, este tipo aquí, Hyperion, es completamente malo, trató de matarme... trato de matar a un mucha gente.
Bob parpadeó con sus ojos plateados. —Pero mira... su cara es tan...
—Se parece a ti—asintió Percy. —Es un titán, como tú, pero no es bueno como tú.
—Bob es bueno. — Sus dedos se cerraron sobre su palo de escoba. —Sí. Siempre hay al menos uno bueno, monstruos, Titanes, gigantes.
—Uh... — Percy hizo una mueca. —Bueno, no estoy seguro acerca de los gigantes.
—Oh, sí. —Bob asintió con seriedad.
Annabeth sintió que ya había estado en este lugar durante mucho tiempo. Sus perseguidores se acercaban a pulgadas.
—Nos tenemos que ir—le instó. — ¿Qué vamos a hacer con...?
—Bob—Percy dijo—es tu decisión, Hyperion es tu tipo, lo podíamos dejar solo, pero si se despierta…
Bob tomo la escoba saco la lanza en un movimiento. Si hubiera estado apuntando a Annabeth y Percy, los hubiera reducido a la mitad. En su lugar, Bob cortó a través de la ampolla monstruosa, que estalló en un géiser de agua caliente color barro de oro.
Annabeth se limpió el lodo de Titán de los ojos. Donde Hyperion había estado, no había más que un cráter de humo.
—Hyperion es muy mal Titán—Bob anunció, con una expresión sombría. —Ahora no puede hacer daño a mis amigos, el tendrá que volver a formarse en otro lugar en el Tártaro le va tomar mucho tiempo.
Los ojos del Titán parecían más brillantes que de costumbre, como si estuviera a punto de llorar mercurio.
—Gracias, Bob—dijo Percy.
¿Cómo se mantiene en calma? La forma en que habló con Bob... Annabeth estaba asombrada... y tal vez un poco incómodo también. Si Percy había estado serio acerca de la elección de Bob, entonces no le gustaba mucho la forma en que confiaba él en el Titán. Si hubiera estado manipulando a Bob para hacer esa elección... bueno, entonces, Annabeth se sorprendió de que Percy pudiera ser tan calculador.
Él la miró a los ojos, pero no podía leer su expresión, eso la molestó, también.
—-Será mejor seguir adelante — dijo.

Ella y Percy siguieron a Bob, las manchas de barro de oro del estallido de la burbuja de Hyperion brillaron en su el uniforme de portero.

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