jueves, 10 de octubre de 2013

La Casa de Hades- VIII Annabeth

VIII
ANNABETH
Ellos solo habían avanzado unos cuantos cientos de metros cuando Annabeth escuchó voces.
Annabeth avanzó laboriosamente, medio aletargada, tratando de formar un plan.
Desde que era hija de Atenea, se suponía que los planes eran su especialidad, pero era difícil pensar una estrategia con el estomago vacío y la garganta ardiendo. Puede que el fuego del Flegetonte la haya sanado y le haya dado fuerzas, pero no había aplacado el hambre o la sed. El río no intentaba hacer que te sintieras bien, adivinó Annabeth. Se mantuvo en que podría experimentar un dolor más insoportable. Su cabeza empezó a inclinarse con cansancio. Luego las escuchó –voces femeninas en algún tipo de discusión- y se puso inmediatamente alerta. Susurró, “¡Percy, abajo!”
Ella tiró de el hacia atrás de la roca más cercana, acuñándose tan cerca frente a la rivera que sus zapatos casi rozaron el fuego del río. Hacia el otro lado, en el estrecho sendero entre el río y los acantilados, las voces gruñían, cada vez más fuerte a medida que se acercaban río arriba.
Annabeth trató de estabilizar su respiración. Las voces sonnaban vagamente humanas, pero eso no significaba nada.
Supuso que cualquier cosa en el Tártaro era su enemigo. Ella no sabía cómo los monstruos Podrían haberlos detectado ya. Además, ellos podían oler a los semidioses – especialmente los más poderosos como Percy, hijo de Poseidón. Annabeth puso en duda que ocultarse detrás de esa roca serviría en algo cuando los monstruos podrían captar su olor.
Sin embargo, a medida que los monstruos se iban acercando, su voz no cambiaba de tono. Sus pasos desiguales – scrap, clump, scrap, clump – no iban más rápido.
“¿Ya casí?” Uno de ellos le preguntó con voz ronca, como si hubiese estado haciendo gárgaras en el Flegetonte.
“¡Oh dioses! – Dijo otra voz. Ésta parecía mucho más joven y mucho más humana, como una adolescente mortal consiguiendo irritarse con sus amigos en un centro comercial.
Por alguna razón, le sonaba familiar a Annabeth. “¡Eres tan molesto! Te lo dije, son como 3 días a partir de aquí”
Percy agarró la muñeca de Annabeth. La miró con calma, como si también reconociera la voz de la chica del centro comercial.
Hubo un coro de gruñidos y gruñidos. Las criaturas – tal vez media docena, Annabeth calculó – se habían detenido justo al otro lado de la roca, pero todavía no mostraron indicios de que captaran el olor de un semidiós. Annabeth se preguntó si los semidioses olían igual en el Tártaro, o si los otros olores allí eran tan potentes que ocultaban el aura de un semidiós.
- Me pregunto – dijo una tercera voz, áspera y antigua como la primera, “si quizás usted no conoce la ruta, joven.”
“Oh, cállate  colmillos agujereados, Serephone– dijo la chica del centro comercial. “¿Cuándo fue la última vez que escapaste al mundo mortal? Estuve allí hace un par de años. ¡Conozco el camino! Además, entiendo a que nos enfrentamos. ¡no tienes ni idea”
“¡ La Madre Tierra no te hizo jefe!” gritó una cuarta voz.
Se oyeron más silbidos, riñas y salvajes gemidos – como gatos callejeros gigantes en combate.
Finalmente, el llamado Serephone gritó: “¡basta!”
El forcejeo cesó.
“Vamos a continuar por ahora,” dijo Serephone. “pero si no nos diriges bien, si nos has mentido sobre la llamada de Gea...”
“¡yo no miento! Espetó la cicha del centro comercial. “créeme, tengo un buen motivo para entrar en batalla. Tengo algunos enemigos para devorar, y tendrán un festín con la sangre de los héroes. Solo deja un bocado especial para mí –Su nombre es Percy Jackson.”
Annabeth reprimió un gemido. Se olvidó de su miedo. Quería saltar sobre la roca y reducir a polvo a los monstruos con su cuchillo... Solo que no tenía su cuchillo.
"Créeme", dijo la chica del centro comercial. “Gea nos ha llamado y nos vamos a divertir mucho. Antes esta guerra haya terminado, los mortales y semidioses se estremeceran al oír mi nombre - Kelli “
Annabeth casi gritó en voz alta. Ella miró a Percy. Incluso en la luz roja del Flegetonte, su rostro parecía de cera.
Empusas, vocalizó. Vampiros.
Percy asintió con gravedad.
Ella recordó a Kelli. Hace dos años, en la orientación de estudiantes de primer año de Percy, él y su amiga Rachel Dare habían sido atacado por empusas disfrazadas de porristas. Una de ellas había sido Kelli. Más tarde, la misma empusa los había atacado en el taller de Dédalo. Annabeth la había apuñalado en la espalda y la envió ... aquí. Al Tártaro.
Las criaturas se marcharon, sus voces se hacían más débiles. Annabeth se arrastró hasta el borde de la roca y se arriesgó a observar. Efectivamente, cinco mujeres avanzaban sobre sus desiguales piernas – mecanismos de bronce en la izquierda, pezuña lanuda y hendida en la derecha. Su pelo estaba hecho de fuego, su piel era blanca como el hueso. La mayoría de ellos llevaban andrajosos vestidos griegos antiguos, a excepción de la líder, Kelli, que vestía una blusa quemada y rota con una falda corta plisada ... su traje de animadora.
Annabeth apretó los dientes. Se había enfrentado a un montón de monstruos malos en los últimos años, pero ella odiaba las empusas más que a la mayoría .
Además de sus garras y colmillos desagradables, tenían una poderosa capacidad de manipular la niebla. Podían cambiar de forma y hechizar con el habla, engañando a los mortales para que bajaran la guardia. Los hombres era especialmente susceptibles . la táctica favorita de las empusas era hacer que los chicos calleran enamorados de ellas, entonces bebían su sangre y devoraban su carne. No sería una gran primera cita.
Kelli casi había matado a Percy. Ella había manipulado al viejo amigo de Annabeth, Luke, instándole a cometer actos más y más oscuro en el nombre de Cronos.
Annabeth realmente deseaba que todavía tuviera su cuchillo.
Percy se levantó. " Se dirigen hacia las puertas de la muerte ", murmuró. '¿Sabes lo que eso significa?
Annabeth no quería pensar en ello, pero lamentablemente este equipo de horribles mujeres come-carne podría ser lo más cercano a la buena suerte que iban a encontrar en el Tártaro .
-Sí- dijo ella-. “Tenemos que seguirlos. "

2 comentarios:

  1. los traduces tú? si es así felicidades, son los mejores que he encontrado. voy a seguir el blog para leer los proximos

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  2. Los traducimos nikolas di angelo y yo, pero está vez el crédito es solo suyo

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